El regreso de Bultaco


En el ‘otro’ Mundial de motociclismo, en el FIM CEV Repsol de Aragón, se ha producido un hecho histórico: el regreso a las carreras de la mítica marca Bultaco. Aquí se lo contamos. Ha sido una delicia. Y la moto es preciosa.

06/10/2020 a las 08:04

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Emilio Pérez de Rozas

No suena a capricho. No suena a diversión de alguien que se aburre. No suena a “venga, va, lo probamos, que será divertido”. Tiene la inteligencia que tienen que tener, no los grandes, sino los proyectos que salen del corazón. Mejor aún, que surgen de la pasión. Y, por supuesto, que cumplen con la vieja tradición motociclística de la antigua Catalunya, aquella que gobernaba en las calles de Barcelona (ahora censuradas por la alcaldesa que no nos deja sacar nuestra antiguas Montesa, Ossa, Vespas y Bultacos) y, sobre todo, que se adueñó del Mundial de motociclismo.

Lo que Joan Bultó, uno de los hijos del mítico, apasionado, inteligente, emprendedor (¡aquellos sí que eran emprendedores!) y sabio don Paco Bultó, ha puesto en marcha este fin de semana, en Motorland, en el circuito de Aragón, en pleno Campeonato de España de Velocidad, es más que un sueño, es la resurrección de una de las marcas de motos más míticas de la historia de las carreras, Bultaco, una de cuyas motos, la ya mítica, veloz y ágil TSS125 se convirtió en la primera moto, en manos del no menos espectacular Salvador Cañellas, que, el 5 de mayo de 1968, consiguió la primera victoria española, en Montjuïc, en el Mundial de velocidad.

Lo que acaba de hacer este Bultó, que desde que tenía cinco años hasta ahora, con 60, vive subido en una moto (ha llegado a irse a EEUU, no hace tanto, para ganar, con dos Bultaco, una 250cc y otra 350cc, los campeonatos de clásicas de las dos costas, sí, sí, los dos), es honrar a papá, mantener viva la marca de las populares ‘Lobito’, ‘Metrallas MK2’ y ‘Sherpa’, y volver a colocar en la pista de un circuito una Bultaco, con chasis Mistral y motor Honda. Esa Bultaco, que se defendió panza arriba entre los grandes de Motorland, que fue más allá de la mitad de la parrilla hacia delante, está y seguirá estando en manos de Marc Luna, de 20 años, un estudiante de ingeniería mecánica, piloto de motos, que, años atrás, iba a darle la lata al box a Bultó hasta que consiguió que le diese una moto, la suya, la última Bultaco, la nueva Bultaco, para correr.

“Esto ya es una realidad. Ya estamos en marcha y muy orgullosos de haberlo conseguido”, comenta Joan Bultó, mientras le echa una mirada al cielo para que don Paco siga dándole aliento, aunque si algo le sobra a este hijo amoroso es pasión, ganas y empuje. “Hemos llegado para quedarnos y más después del cariño con el que fuimos recibidos por todos en el ‘paddock’ de Motorland. Hemos venido para cerrar esta temporada, en Aragón y Valencia, rodando la moto, el equipo y a Marc, que es un auténtico encanto de chaval”. Pero Bultó no niega que sueña con un día ir a ver a Carmelo Ezpeleta, jefazo de Dorna, del Mundial, y pedirle qué hay que hacer para tener un box en el Mundial de Moto2.

“Somos gente humilde, como debe ser la gente que empieza, pero tenemos la misma ilusión, pasión, ganas y casi medios que los demás”, insiste uno de los diez hijo de Don Paco. De momento, eso sí, mientras busca un buen patrocinador, el sponsor principal del nuevo equipo Bultaco se llama ‘Mibol’, “es decir, mi bolsillo”. Para Joan es hermoso honrar el recuerdo de papá y, sí, también, también, intentar demostrar que los nombres míticos de la industria de las motos y las carreras, del motorsport, siguen vivos “aunque ya veis que el Ayuntamiento de Barcelona nos persigue para que no podamos sacar nuestra clásicas a la calle. Por más palos en las ruedas que nos pongan, nosotros seguiremos intentándolo. Esos nombres no pueden, no deben morir”.

Bultó ha construido un equipo de la nada y, por supuesto, ha buscado y encontrado muchachos con la misma pasión que él, desde telemétricos a ingenieros, pasando por mecánicos estupendos e, insiste, un piloto que, tras un pequeño parón, de menos de un año, ha regresado a la pista con la ilusión de formar parte de algo viejo y nuevo. “No es fácil, no, correr el CEV pues se ha convertido, desde hace ya algunos años, en un auténtico pequeño Mundial; es, desde luego, mucho más que un campeonato promocional, de cantera, los chicos van muy, muy, deprisa”, cuenta Bultó, que sabe lo que es ir deprisa desde que, de jovencito, se codeó en el campeonato de las ‘Streaker’, de Bultaco, claro, con Sito Pons, Jorge Martínez ‘Aspar’ y Carlos Cardús.

“Yo solo sé que tengo una moto maravillosa, que corre un montón, con un equipo que me supera en ilusión y pasión y que, juntos, vamos a tomarnos estas carreras de final de temporada como el auténtico rodaje para soñar más alto el año que viene”, explica Marc Luna, que tiene los brazos fatigados de todo el fin de semana en Aragón. “La moto es una delicia, es ¡¡¡preciosa!!! y a todo el mundo le ha encantado. Va muy bien y creo que, cuando lo tengamos todo por la mano, yo, el primero, nos lo pasaremos muy bien y, por qué no, igual conseguimos algún podio. Es imposible no soñar cuando te regalan una oportunidad así”.

Un campeonato que es casi un Mundial

Marc Luna es de los pocos pilotos del FIM CEV Repsol que no paga por correr. Tampoco cobra. Los premios serán para él. “Si queremos hacerlo bien, tenemos que hacer que el piloto se sienta cómodo, sea profesional en la medida que podamos, y, sobre todo, vea que todos trabajamos para él”, indica Joan Bultó, que reconoce que el primer día, el viernes, que sacaron la Bultaco del box y la colocaron en la pista “se me puso la piel de gallina, no tanto por mi equipo de ahora sino por pensar todo lo que hay detrás de ese nombre, de esa marca, de papá, de la casi desaparecida industria de las motos de carreras y calle en Catalunya”.

El FIM CEV Repsol está, de momento, liderado por Xavier Artigas (Honda, Moto3), el italiano Yari Montella (Speed Up, Moto2), Fermin Aldeguer (Superstock 600) y David Alonso (Honda, European Talent Cup). No hay duda de que se trata de la mejor cuna de campeones que existe y las parrillas del Mundial lo demuestran.