pasión por el fútbol y por la bicicleta


Se cumplen hoy, sábado, 100 años del nacimiento de Miguel Delibes (1920-2010), un escritor y periodista que nunca ocultó su pasión por el fútbol y el ciclismo, los deportes que practicó desde niño y que más le conmovieron.

17/10/2020 a las 10:01

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Para conmemorar el centenario de su nacimiento, la editorial Destino, donde publicó la mayor parte de su obra, acaba de sacar a la luz ‘Miguel Delibes. Vida y obra de un escritor’, un repaso por su vida, trufado de textos, fotos de familia y reflexiones del escritor vallisoletano, editados y recopilados por el periodista Jesús Marchamalo, también comisario de la exposición ‘Delibes’ en la Biblioteca Nacional. 

Uno de los subcapítulos del libro se titula precisamente ‘Un niño asustadizo y futbolista’. En su etapa como estudiante de bachillerato en el colegio de Lourdes de Valladolid, su ciudad natal, Delibes empieza a destacar como futbolista.

“Entusiasta de los deportes, se convierte en seguida en uno de los jugadores imprescindibles del equipo de fútbol. Porque durante años el fútbol, esa pasión incontrolada, como él mismo la definió, llegó a ocupar una parte significativa de su vida; como aficionado e hincha de su equipo, el Real Valladolid Deportivo, del que recitaba de memoria las alineaciones, goleadores y resultados, y también como jugador”.

“No solo jugaba al fútbol todos los martes, jueves y sábados en los campos del colegio o en los de sus rivales, sino que jugaba también en la galería de casa con sus hermanos y una pelota de trapo o en el patio, durante los recreos, con canicas”. 

Ni la natación ni la caza

El propio Delibes lo confesaba en 1989, en ‘Mi vida al aire libre’. “Ni la natación ni la bicicleta ni la caza tiraron de mí con la fuerza con la que lo hizo el fútbol a los ocho o nueve años. Jugué durante bastantes años, digamos desde los once hasta los cuarenta y cinco”. 

En 1982, Delibes publicó ‘El otro fútbol’, una recopilación de artículos sobre el deporte rey en la que ya lamentaba la tendencia defensiva de los equipos y recordaba con nostalgia el fútbol de su infancia.

Fue, de hecho, asiduo del campo del Vallladolid durante 60 años. “Durante seis largos lustros fui asiduo del Real Valladolid, asistí a su empecinado trajín en Tercera División, a su paso fulgurante por la Segunda y a sus casi veinte años de Primera, campeón de invierno en una ocasión, empatándole al Madrid en Chamartín, o eliminando al Atlético de la Copa, en otra, con aquel asombroso gol de volea de Sañudo que dejó estupefacto al público del Metropolitano (…) En un tiempo no muy remoto se tuvo por inteligente afirmar que, en el fútbol de calidad, era la pelota, no el futbolista, quien debía correr. Desconozco si esto fue cierto en algún momento, pero estoy convencido de que hoy no lo es. En el fútbol moderno deben correr los dos, pelota y futbolista. Y ¡ay de quien lo entienda de otra manera! El centro del campo, lugar donde se cuecen los éxitos y los fracasos, no será nuestro nunca si el rival de turno nos gana en fuerza y en velocidad, que es tanto como decir en entereza y sentido de anticipación”.

La Ley delibes

Tal era su pasión futbolera que llegó a desarrollar la Ley Delibes. “El equipo que después de perder en casa visita a otro que viene de ganar fuera, si no se alza con el triunfo sumará al menos uno de los dos puntos en litigio”.

Ese sistema se hizo relativamente popular en su entorno. “En el colegio me dio nombradía y, diez años más tarde, el cronista deportivo de ‘El Norte de Castilla’, al hacer los pronósticos del sábado, mencionaba la ley Delibes como un físico mencionaría a Newton al hablar de la gravitación universal”.

Un escritor enamorado sobre dos ruedas

En ‘Mi vida al aire libre’, Delibes también hablaba de su pasión por la bicicleta. “Por aquel tiempo yo ya era un ciclista consumado, una especie de Fausto Coppi. No me apeaba de la bicicleta. Sabía zigzaguear sin manos, ponerme de pie en el sillín y conducir con los pies. Incluso cuando acompañaba a alguna muchachita lo hacía montado en mi bicicleta, impulsándome con el pie desde el bordillo de la acera. 

En 2010, poco después de la muerte del escritor, su familia le homenajeó recorriendo en bicicleta los 94 kilómetros que separan Sedano (Burgos) de Molledo (Cantabria). Era el recorrido que el joven Miguel hacía cada verano en bicicleta para ver a su novia, Ángeles de Castro, que luego sería su mujer. De ese homenaje nació el documental ‘Aúpa Delibes’, obra de Antón Rodríguez, Ignacio Navarro, Daniel Rivas y Guillermo Rivas.

“El miércoles, antes de amanecer, amarré en el soporte de la bici dos calzoncillos, dos camisas y un cepillo de dientes y me lancé a la aventura. Recuerdo aquel primer viaje de los que hice a Sedano como un día feliz. Sol amable, bruma ligera, brisa tibia, la bicicleta rodando sola, sin manos, varga abajo, un grato aroma a heno y boñiga seca estimulándome”. Así detallaba Delibes su primera gran excursión en bicicleta, en el verano de 1941.