ocho historias (semidesconocidas) de O Rei


Pelé, el gran mito del fútbol brasileño y para muchos, el mejor futbolista de la historia, cumple este viernes 80 años. Los celebrará en su casa de Guarujá, en el estado de Sao Paulo, acompañado de su familia y protegido del coronavirus.

23/10/2020

Act. a las 09:06

CEST

Para felicitarlo, repasamos ocho capítulos de su vida personal y deportiva, ocho historias no demasiado conocidas de O Rei:

1940
EL NOMBRE DEL GENIO

Pelé se llama Edson por un error tipográfico: su padre le llamó Edison en honor a Thomas Alva Edison porque el día que nació (23 de octubre de 1940) se instaló la luz eléctrica en su barrio de Três Corações, en el estado de Minas Gerais. 

Su padre, João, apodado ‘Dondinho’, había sido jugador del Atlético Mineiro, pero una grave lesión de rodilla le apartó del fútbol. Poco después de su lesión, abandonó Minas Gerais para instalarse en Baurú, en el estado de Sao Paulo. 

Allí empezó el joven Edson a contribuir a la economía familiar (limpió zapatos y trabajó en una gasolinera) y a jugar al fútbol en la calle. Fue también en Baurú donde el joven Edson, que aún no había cumplido diez años, escuchó por la radio la derrota de Brasil ante Uruguay en la final del Mundial de 1950. “No te preocupes, papá, yo ganaré un Mundial”, le dijo ese día a su padre. 

El sobrenombre de Pelé le cayó de casualidad. En los partidos callejeros, a veces se colocaba de portero porque ya era tan bueno que abrumaba al resto de os jugadores. Y como portero, también parecía tener un cierto talento. Sus compañeros le decían ‘se cree Bilé’, en alusión a un portero que había llegado a jugar con su padre. ‘Bilé’ se convirtió ya para siempre en ‘Pelé’. 

Es el único jugador de la historia que ha ganado tres Mundiales 

1958
EL SUPLENTE DE LOS PIES PLANOS

Pelé se consagró internacionalmente a los 17 años, cuando ganó su primer Mundial, en Suecia’58. En realidad, inició el torneo como suplente. Estuvo a punto de perderse el Mundial porque un médico había desaconsejado su convocatoria. 

¿El motivo? Pelé tenía los pies planos. Solo una sublevación de los jugadores hizo cambiar de opinión al entrenador, el mítico Vicente Feola, primer seleccionador que hizo campeón del mundo a Brasil. Cuando Pelé y Garrincha empezaron a ser titulares (en lugar de Altafini y Joel),  Brasil se disparó hacia el título: 5-2 en la semifinal ante la Francia de Kopa y Fontaine (con ‘hat trick’ de Pelé) y 5-2 en la final ante Suecia (con doblete de Pelé). 

Después de la final, Pelé y sus compañeros interrumpieron las celebraciones para coger la pelota con la que se había jugado el partido. Se la regalaron como dedicatoria al ‘Negro’ Américo, el masajista de la selección brasileña. 

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Menotti, Cruyff y Pelé  

1959
EL GOL DE LOS CUATRO SOMBREROS

La leyenda cuenta que entre partidos oficiales y amistosos, Pelé marcó 1.283 goles. Los hubo de todo tipo, pero probablemente los dos mejores pasaron a la historia con su propia leyenda: el de los cuatro sombreros y el de la placa. 

En 1959, el Santos se enfrentó al Juventus de Brasil en un partido del campeonato paulista. Pelé tenía 18 años y ya era campeón del mundo (en Suecia’58). Ya se conocía como ‘la perla negra’. Acaparaba todos los focos.  

Pelé no había comenzado bien el partido. La afición del rival le abucheaba. Aquel joven futbolista no era para tanto, decían algunos. Y entonces, llegó el gol. 

No existe grabación, pero Alfredo Relaño lo explica con todo detalle en su libro ‘366 historias del fútbol mundial’. “Hasta que su compañero Dorval envió un balón al borde del área. Por allí flotaba Pelé, marcado por un rival, Julinho. Pelé recibió el balón y con un toque, lo hizo pasar por encima de la cabeza de Julinho. Clovis y Homero salieron a su paso. Pelé les hizo dos sombreros, primero a uno y luego a otro. Le quedaba el portero, al que apodaban ‘Manos de Tigre’. Pelé dejó botar el balón y de nuevo volvió a pasarlo por encima de la cabeza del portero. Solo le quedaba recogerlo y enviarlo suavemente a la red”. Rendidos a su talento, los aficionados rivales acabaron aplaudiéndolo.

1961
EL GOL DE LA PLACA

El gol de los cuatro sombreros pasó a la historia y aún vive en la memoria de los aficionados más veteranos. Pero en 1961, Pelé marcó otro aún mejor, según las crónicas. Ocurrió en el Fluminense-Santos en Maracaná, partido del torneo Rio-Sao Paulo, precursor del campeonato brasileño. 

Tampoco existen imágenes grabadas del gol, pero quedó la descripción del periodista de ‘O Globo’, Albio Castro Filho: “a los 40 minutos del primer tiempo Pelé recibió un pase del marcador lateral izquierdo, Dalmo, muy cerca de su propia área. Dominó la pelota, levantó la cabeza y comenzó a correr hacia el  arco del Fluminense. Su inseparable compañero de paredes, Coutinho, lo acompañó. Pelé fue amagando, zigzagueando… Superó al primero, el artillero Valdo, y siguió. Quedó frente al  centrocampista Edmilson: lo gambeteó fácilmente. Continuó. Surgieron Clovis y Altair, los dos  zagueros, por el flanco izquierdo: pasó entre los dos: cara a cara con el brillante Pinheiro. Un  amague y Pinheiro quedó en el piso. Clovis y Altair, que habían sido eludidos, fueron detrás de Pelé. Y Pelé, nada… Solo corriendo, gambeteando. En la entrada al área del Fluminense  apareció el violento Jair Marinho. Llegó para derribarlo de cualquier forma. Pero, con una finta , Pelé lo dejó a un lado y simultáneamente se dispuso a rematar… Es el momento de  la definición. Castilho abandonó el arco y cerró el ángulo. Pelé tocó suavemente y con efecto. La pelota engañó al arquero y fue entrando mansamente sobre su derecha. Entrando, entrando… La afición del Fluminense no se lo podía creer”. 

Otro periodista, de Radio Continental, Waldir Amaral, cantaba el gol desde la cabina. No se lo podía creer y gritaba que un gol así merecía una placa de homenaje. Poco después, el diario O Esporte instaló una placa en Maracaná: “Este campo no dia 5-3-1961 Pelé marcou o tento mais bonito na historiá do Maracaná. O Esporte, São Paulo”.

Pelé sigue siendo el máximo goleador de la selección de Brasil 

1969
¿FUE CAPAZ DE DETENER UNA GUERRA?

En 1967 estalló la guerra entre Nigeria y Biafra, una región del país que luchaba por su independencia. La historia oficial cuenta que dos años después, en 1969, la guerra se detuvo durante unos días porque el Santos de Pelé visitaba el país para jugar dos partidos amistosos. “Durante 72 horas, el fútbol fue más importante que la guerra”, escribía la revista ‘Time’ en 2005. Nigeria y Biafra estuvieron de acuerdo en firmar un alto el fuego para ver en directo al mejor jugador del mundo.

O no, porque años después un estudio firmado por el periodista británico de origen nigeriano Olaojo Aiyegbayo afirmaba que ese alto el fuego no llegó a existir. Se produjo, en realidad, un aumento de la seguridad en las zonas en las que el Santos iba a alojarse y a jugar sus partidos (por los que cobraría una suculenta suma, por cierto). 

En la primera biografía de Pelé, publicada en 1977 (‘My life and the beautiful game’) el asunto ni siquiera se menciona. Sí que aparece en la autobiografía publicada en 2007, recogiendo una información que el periodista Michel Laurence había publicado en la revista ‘Placar’ sobre el supuesto alto el fuego. 

La guerra entre Nigeria y Biafra acabó en enero de 1970 y dejó más de tres millones de muertos. 

Pelé, en el Mundial de 1970

1970
EL ‘PACTO PELÉ’ Y LA GUERRA ENTRE ADIDAS Y PUMA

En vísperas del Mundial de 1970, dos de las firmas de material deportivo más potentes del mundo, Adidas y Puma, llegaron a un pacto: ninguna de las dos patrocinaría a Pelé, la gran estrella del torneo. 

Era un viejo asunto de familia: Adidas y Puma nacieron al mismo tiempo y de la misma familia, los hermanos Dassler, herederos de un próspero zapatero de Baviera. Después de la Segunda Guerra Mundial, Adolf ‘Adi’ Dassler juntó su nombre y su apellido para fundar Adidas y su hermano Rudolf, ya abiertamente enfrentado a Adolf, creó Ruda, posteriormente bautizada como Puma.

La enemistad entre ambos se mantuvo durante décadas: el Mundial de 1970 parecía una buena oportunidad para hacer las paces, pero Puma rompió el pacto. Pelé había acudido al Mundial con unas botas de una marca inglesa semidesconocida llamada Stylo. 

Pero pocos días antes del inicio del torneo, recibió la visita de Hans Henningsen, un periodista con alma de comercial que ya se había ganado la confianza de buena parte del vestuario brasileño. Henningsen presentó a Pelé una jugosa oferta para llevar botas Puma en el Mundial: 125.000 dólares y un porcentaje de las ventas. 

Lo curioso es que lo hizo por su cuenta, sin haberlo consultado previamente con Puma.  Armin Dassler, el jefe de Puma, dio el visto bueno. Henningsen pidió a Pelé que hiciese lo posible para que las cámaras de televisión enfocasen sus botas (México’70 fue el primer Mundial televisado en color). 

Así fue: antes del primer partido, ante Checoslovaquia, Pelé pidió al árbitro que retrasase unos segundos el inicio del encuentro porque tenía que atarse las botas. Las cámaras registraron la imagen de Pelé atándose su flamantes botas Puma. La guerra entre Adidas y Puma, lejos de aliviarse, arreció. Y el marketing se instaló definitivamente en el mundo del fútbol.

1970
DORSAL ‘13’ Y SELECCIONADOR DESTITUIDO

Brasil preparaba el Mundial de México a las órdenes de su seleccionador, João Saldanha, un curioso personaje que había sido jugador del Botafogo y miembro del Partido Comunista de Brasil. También había ejercido de periodista: Joao Havelange lo nombró seleccionador pensando que así la prensa suavizaría sus críticas a la selección. No fue el caso. 

El 26 de abril de 1970, Brasil recibió a Bulgaria en Sao Paulo para jugar un amistoso de preparación. Saldanha no confiaba del todo en Pelé, que venía de hacer una temporada más bien discreta con el Santos. El puesto de ‘diez’ lo tenía bien cubierto: Rivelino, Gerson y Tostão. 

Así que Pelé fue suplente. Salió en la segunda parte, con el dorsal ‘13’, casi una herejía. Además, Brasil no pasó del empate a cero.  Arreciaron las críticas de la prensa: no hubo corporativismo y los periodistas se pusieron del lado de Pelé y criticaron duramente a Saldanha, que fue destituido. 

Le suplió Mario Lobo Zagallo, que había sido compañero de Pelé en los Mundiales de 1958 y 1962. Zagallo no se quiso complicar la vida: dejó que los jugadores organizasen la alineación en el amistoso que se jugó tres días después, Brasil-Austria en Maracaná. La selección brasileña estaba concentrada en el hotel Das Palmeiras de Rio de Janeiro: en la habitación de Pelé se reúnen Clodoaldo, Gerson, Tostão y Rivelino. Llegan a un acuerdo. Jugarán todos: Rivelino como extremo zurdo, Gerson en el interior derecha, Tostão de ‘nueve’ y Pelé, en la posición de ‘diez’. Y lógicamente, con el dorsal ‘10’. 

El resto es historia. Brasil ganó ese amistoso y pocos meses después, deslumbró en el Mundial de 1970: Rivelino, Gerson, Tostão y Pelé formaron, junto a Jairzinho, la delantera de los cinco ‘dieces’.

En 1981, durante el rodaje de ‘Evasión o victoria’ 

1975
NEW YORK COSMOS: WARNER BROS Y HENRY KISSINGER

Pelé renunció a la selección de Brasil tras conquistar su tercer Mundial, en 1970. Pero siguió en el Santos. Y siguió siendo una estrella mundial, así que nadie mejor que él para liderar un club recién creado en Nueva York por la Warner Bros, reputada productora cinematográfica propietaria de los derechos de las películas de Walt Disney. Steve Ross, director de la Warner, había comprado la franquicia y a la hora de construir el equipo, pensó en grande. Era el mes de junio de 1975. 

“Yo pensaba en el béisbol y me venía a la menta Babe Ruth. En baloncesto, Walt Frazier, así que pensé, ‘¿quién es el número uno del mundo del fútbol’. Y me dijeron que era Pelé”, explicaba Ross en el documental ‘Once in a lifetime’.

Por supuesto, hubo que invertir: Pelé recibió cuatro millones y medio de dólares. “Vengo para extender el fútbol en un país que aún no lo conoce”, dijo. Cuando le preguntaron por el dinero, respondió: “Tengo que pensar en mi familia”. 

Sin embargo, en Brasil no sentó bien la decisión de Pelé, que dejó su club de toda la vida para formar parte de un club sin tradición ni jerarquía internacional. Las autoridades brasileñas se mostraron reacias a dejarle salir del país. 

Hasta que intervino el mismísimo secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, para convencer –probablemente con métodos muy particulares- a los brasileños.

Pelé jugó en el Cosmos hasta el 1 de octubre de 1977. Se despidió con un partido de homenaje entre el Cosmos y el Santos: en ese partido marcó su gol número 1.283. Entre los invitados al palco aquella tarde estaba Muhammad Ali.